El Canodromo

Me han llamado drogadicto, han apostado que era homosexual. Pero nunca he oido decir que sea un genio.

Tuesday, September 09, 2008

La vida sera de otros


El sol cuelga a ras de suelo al amanecer, salpicando las fachadas terrosas de Carlos III con su pálida luz dorada. Septiembre ya. No tengo prisa, así que camino despacio hacia la parada de Cortes de Navarra, mirando los bancos vacíos, los reflejos de los escaparates, los termómetros averiados, los semáforos en ambar. La vida luego será de otros, pienso al pasar junto a la terraza de una cafetería con las mesas y sillas encadenadas. La vida será de otros, por eso me quedo con el traqueteo de dos barredoras y las aceras encharcadas y con la mirada verde de una joven, a juego con una sonrisa que me hace comprobar si llevo la bragueta abierta, y su vestido blanco.
En el autobús, recuerdo algo que dijo Antonio López en una entrevista para El País que leí ayer: Mi generación no viajaba aunque lo necesitáramos. No teníamos cómo hacerlo. Mi trabajo me ha anclado mucho a un lugar concreto. De todas formas, yo viajo mucho, cojo mucho el metro. Pienso como esos que dicen que conociendo a una mujer bien, se conoce a la mujer. Pues conociendo bien un lugar, Madrid en mi caso, se conocen todos los lugares. Lo creo sinceramente, aunque yo no lo haya decidido. Yo no he decidido mi vida, tengo esa sensación. He sido como obediente a algo que me ha hecho hacer las cosas de una determinada manera. Es la sensación que tengo.

Yo no he decidido mi vida, repito mientras el motor del autobús se pone en marcha. Esa es la sensación que tengo. Me pongo nervioso, como antes de cada viaje, lo creo sinceramente, aunque yo no lo haya decidido. Y bajando la cuesta de Labrit, obediente, retomo la lectura de 1919: Pensó en Anne Elizabeth yendo a casa sola en un taxi a través de las calles mojadas. Le hubiera gustado tener muchas vidas para pasar una de ellas con Anne Elizabeth. Escribiría un poema sobre ella y se lo mandaría. Y el olor de los ciclámenes. En el café de enfrente los camareros estaban dándoles vuelta a las sillas y poniéndolas encima de las mensas. Le gustaría tener muchas vidas para ser camarero de un café y dar vuelta a las sillas.

-La fotografía es de Bernardo Pérez, publicada en El País (03/04/2008)-

4 Comments:

Anonymous Paco Sánchez said...

Tiene razón Antonio López. Hay una idea voluntarista del vivir que me parece bastante falsa. Lo de obedecer a la vida tiene su sentido.

4:14 AM  
Blogger LEIRE said...

Siempre quise VIVIR MIL VIDAS, para poder vivir la vida de mil maneras diferentes, verla de mil modos distintos y vivirla desde mil lugares con millones de destinos

Mil besos de mil sabores

6:29 AM  
Anonymous a said...

La vida siempre es de otros. Pero su vida es suya y de nadie más. Y en su vida, usted puede tener nueve o mil, usted puede.

7:50 AM  
Blogger eresfea said...

Veo a Antonio López como un anacronismo con un sentido común abrumador. Y me gusta tanto...

10:54 AM  

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