Historias

Mi abuela y yo solíamos compartir historias. Cada mañana, durante las vacaciones estivales en el pueblo, me sentaba a los pies de su cama sólo para escucharla. También ella me escuchaba a mí, entrecerrando los ojos como para entender mejor, dejándome hacer sin interrupciones. Ella era todo un genio en el escenario de su habitación. A veces reía y lloraba a la vez, gesticulaba con las manos y abría los ojos color de miel –imaginaba yo-, entre grises y verdes. Sus historias siempre eran de amor. Las mías, también. Cuando la memoria viajaba a su juventud en Buenos Aires, intercalaba tangos con una voz rasgada que se llevaba mi alma a una nostalgia que no me pertenecía. Yo le correspondía contándoselo todo como a un confesor, intentando adornar mis deméritos y fantaseando sobre la fortuna de los que casi ya eran mis suegros.
La última historia que me contó mi abuela fue en el estrecho pasillo de su casa; los dos sentados, ella en la butaca y yo en una silla. Ella no me reconocía y miraba al frente con una tristeza infinita, agarrándose con fuerza al tacatá. Se acercó mi tío:
- Mamá, es el Javi.
La abuela esgrimió un gesto con la boca, pero mantuvo la mirada en aquel lugar invisible al que se llevaba mi alma su voz rasgada y dijo suavemente, como para entender mejor:
- Yo quería mucho al Javi.
2 Comments:
La mejor historia que te contó tu abuela.La mejor historia que puede contar una abuela.La mejor historia que has contado...
Ole!
Eres muy bueno escribiendo. Tienes que ser un pintor muy bueno pues te dices pintor y no escritor siéndolo tan bueno y Catita, tu sobrina ¿no?, cuando agita tus botes y pinta con tus pinceles contesta a tu pregunta ¿qué soy? diciendo: Pintor.
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