El Canodromo

Me han llamado drogadicto, han apostado que era homosexual. Pero nunca he oido decir que sea un genio.

Wednesday, March 25, 2009

Una bonita historia I (1999)



Podría ser una bonita historia, quiero decir, si yo hubiese tenido la oportunidad de cambiarla. Sin embargo, he aprendido dos cosas: a no lamentarme y a ser sincero conmigo mismo. Mi historia es la de todos, con otros nombres, otras palabras. También se eso, que las palabras son solamente palabras. Puedo cambiar las palabras, pero no la historia.

Después de un martes y trece siempre hay un miércoles catorce y un jueves quince, así que la mala suerte se hace eterna. Ayer fue jueves, el jueves quince de abril de 1999. Ya no habrá otro: se fue con las horas para ser sólo recuerdo.
Allí está Miguel que quiere a Laura y Laura que quiere a Miguel y Laura dice que le conoce, que desea ayudarle y Miguel no se conoce y dice que alguien se metió en su historia y Laura pide una oportunidad y Miguel se desvanece en el humo de un de un ducados.

Oigo la voz de Héctor, veo sus ojos hundidos, negros, perdidos y brillantes buscando a Marta: quiere volverse loco, sufrir hasta explotar. Por eso, su mirada ahogada besa el dolor y dice que quiere llorar, que si, que la quiere de veras, que Marta está muy guapa. Y piensa que es una zorra porque despide las postales con besos. El amor no entiende de segundas veces, de la primera sólo quedan cristales rotos, pequeñas astillas clavadas en el Alma. Pero Héctor es un romántico de mierda y un poeta maravilloso y respira versos, y Marta le coge de la mano y luego desaparece con ella en un suspiro, entre figurines de mármol y algún hideputa.

Una chica se acerca a Raúl que está en la puerta del baño, pensando en Carmen y en Roma, que está en el quinto coño, y espera que algún cabrón encuentre por fín su pito y mee rápido. Chica dice que le atrae, que sabe que merienda garrotes de chocolate y café con leche, que le gusta su bufanda roja de Benetton, pero no puede imaginar que lo único que quiere Raúl es comer turrón. Con Carmen.

Ana tiene frío, le presto mi abrigo azul de paño, inmenso, y esconde sus ojos azules: lo sabe todo, explica, y que yo también. Hablamos de Descartes y descubrimos que, en verdad, no sabemos nada, y nos ponemos a bailar.

(J., 1999. La fotografía es de Iván Azcona)

12 Comments:

Anonymous Anonymous said...

Otra (bonita historia)

5:38 AM  
Anonymous Anonymous said...

Para ver y disfrutar:

www.carlosorduna.es

8:22 AM  
Anonymous Anonymous said...

¡Bandido! Como te gusta decir hideputa...

(seguro que se lo merecía)

8:24 AM  
Blogger J. said...

Jaja. Lo hideputa lo leí, recuerdo, en una columna de Reverte. Me hizo gracia. Y lo puse.

9:36 AM  
Anonymous Allendegui said...

Esta historia ya la publicaste... jajajajaj. Es broma.
A mí más que hideputa me gusta el roñica de Mafalda.

10:22 AM  
Blogger J. said...

Bueno, Allendegui, lo cierto es que sí publiqué fragmentos de esta historia...

...

10:30 AM  
Blogger pol said...

tiene estilo. y remueve. mola.

11:02 AM  
Blogger J. said...

Eran otros tiempos, Pol...

12:23 PM  
Anonymous Anonymous said...

muchos desencuentros tienen más sentido de lo que parece.
bettyboop

3:07 PM  
Blogger Sergio said...

Es que diez años no es nada...

2:19 AM  
Blogger María said...

otra vez esa bufanda roja.... yo tuve una de beneton roja, también, pero a mi me parecía horrible! ¡¡qué cosas!!

4:36 AM  
Blogger J. said...

Tienen sentido, Bettyboop... es posible... sí... o adquieren sentido en un momento determinado, cuando se conoce el desenlace.

Hombre , Sergio, diez años al menos son... son "casipocos"...

Jajaj. Jço, Maria. Qué memoria. Que sepas que es la misma.

9:04 AM  

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