Luna llena, luna llena

Paseaban por el parque sin rumbo; un hilo de luz en el horizonte separaba la tarde de la noche. Retrepando el cielo, sobre los edificios, la luna amarilla y gordota:
El: Esa luna llena.
Ella: Casi. Mañana.
Una madre, con silleta y séquito de niños, venían de frente. No pasaba ninguno de los cuatro años:
Niño: Mira, mamá, la luna llena
Niña: Luna llena, luna llena
El más pequeño, desde la silleta, que también señalaba.
Madre: Todavía no, mañana.
El repitió para sí, luna llena, luna llena. Y añadió, como los niños.
Unas semanas antes tomó unas cervezas con M. Recordó cinco vasos de tubo sobre la mesa y cómo los agrupó, con las palmas de las manos, en fila india:
- ¿Has visto? una conga. Pena que les falten los bracitos.
- Joana hace lo mismo con las tazas del desayuno, pero dice que es el tren chu-chu.
- Pe... pero la conga es más... orgánica... que...
- ... tiene dos años...
- ...
- ...
- ... nos llevaríamos bien...
6 Comments:
Yo también me llevaría con Joanna.
un dato, la nena preciosa con la que seguro te llevarías muy bien, se llama Joana (con una sola n).
Gracias Ramiro, empiezas a ser imprescindible.
Eso mismo es lo que dicen todas.
Era CASI llena
Casi.
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