El Canodromo

Me han llamado drogadicto, han apostado que era homosexual. Pero nunca he oido decir que sea un genio.

Monday, October 30, 2006

Matematicas


Lo esencial por aquellos años era la huída a O Bolo en verano. Allí, la vida funcionaba de manera diferente, fuera de cualquier temporalidad –como un sueño- y yo tenía un papel, el mío, que nadie subestimaba, o al que nadie pedía cuentas. Aquel cosmos familiar, na miña terra galega, palpitaba al margen del mundo, la realidad y sus vicisitudes.
Sin embargo, durante dos cursos consecutivos, me sacudieron a suspensos. Cuatro por cada uno. La segunda vez ni me afectó pero cuando, en primero de BUP, Inmaculada -mi tutora- me entregó el papel con las calificaciones, hice con él una pelota y se la arrojé a la cara. Luego me gritó algo que no quise escuchar, recogí la pelota y la metí en un bolsillo y me fui. Aquél papel significaba la sentencia de un verano sin verano, de un verano real.

Mis Padres sabían cuánto me gustaba ir al pueblo, así que convencieron a la tía Raquel para que me explicase matemáticas y controlara el estudio del resto de asignaturas. La tía, por entonces, impartía clases de matemáticas en el instituto de Cambados. Su actitud ante la vida la marca, todavía, haber sido monja durante veinte años, la formación científica y una tendencia ilusoria hacia la izquierda, más cultural y filosófica que política. Es de esas personas a las que hay que querer mucho para poder entenderlas.
Otros primos antes que yo habían pasado por su tutela y aún hoy prefieren obviar la experiencia. A pesar de sus advertencias apocalípticas, yo sólo podía aceptar.

Pero yo nunca olvidaré las lecciones de la tía: cinco horas al día desde las ocho de la mañana, apenas con uno o dos descansos brevísimos para tomar café.

Allí, en la vieja galería, podía surgir de todo, desde la ironía e improperios más salvajes: subnormal, anormal, cacho de carne con ojos (mi favorito), animal, inútil – aderezados con collejas, suyas y lágrimas, mías-; hasta algunas de las narraciones más bellas y nostálgicas que jamás haya escuchado. La tía me contagió el ansia de saber. Disfrutaba escuchando su colección de anécdotas de personajes de la cultura, la historia, el arte o la ciencia. A veces, me contaba historias del instituto, la familia, o el convento y entonces se echaba a llorar a lágrima viva. Durante aquellos meses hablamos muchísimo, sobretodo, de la lucha por sobrevivir en un mundo de excluidos.
Por lo demás, de entre las ráfagas de insultos, pude palpar el dolor biográfico de aquellas personas que tratan de entender y entenderse y –sobretodo- sentir en carne viva, cuánto me quería. Aunque, de eso, sólo me di cuenta años después.

Las horas que pasé con la tía fueron mi verdadero Bachillerato. Un Bachillerato privilegiado. Único en el mundo.

3 Comments:

Anonymous Anonymous said...

Tu tia era peor que Amon Goeth. Además, sus clases parecen un híbrido entre un vídeo de Bill Viola,la academia de Platón y un especial sobre los Kennedy. Prefiero un verano en Daschau.

2:51 PM  
Anonymous Anonymous said...

Dicen que la letra con sangre entra... a veces, además de sangre, hacen falta sudor y lágrimas... Conclusión: hay que tener siempre, tiritas, kleenex y desodorante a mano.

4:54 PM  
Anonymous Anonymous said...

Hopalong, cuéntanos lo de tu verano en Dachau!

5:00 PM  

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